Junín está a 260 kilómetros de Buenos Aires, en la intersección de las rutas nacionales 7 y 188. Tiene acceso vial hacia el oeste y hacia el puerto, una economía diversificada con industria alimentaria, metalurgia y agroindustria, y desde 2025 un número creciente de empresas que por primera vez quieren exportar sus productos. San Luis tiene la Zona de Actividades Logísticas de Villa Mercedes —la ZAL, principal plataforma logística multimodal de la provincia— que en los últimos días registró el ingreso de 333 camiones con operaciones de comercio exterior. La red logística provincial de San Luis, según informó hace dos días su agencia oficial, sostuvo una semana de intensa actividad con operaciones de almacenamiento de granos, comercio exterior, abastecimiento industrial y exportación de alfalfa compactada. Esos dos ejemplos —Junín y Villa Mercedes— ilustran una tendencia que el sector viene documentando desde 2025: las ciudades del interior argentino descubrieron el comercio exterior. Y con ese descubrimiento apareció el problema que ningún decreto de apertura comercial resuelve por sí solo: la logística del interior tiene costos que condicionan la competitividad de los productos que esas empresas quieren exportar.
El entusiasmo y la brecha logística
Un especialista en comercio exterior con más de 25 años de experiencia entrevistado hace dos días por Infobae lo describió con precisión: se empezó a notar cada vez más un entusiasmo por cuestiones vinculadas al exterior, antes sin acceso y ahora con una accesibilidad un poco más necesaria. Su trabajo, explica, es identificar empresas del interior que quieren importar o exportar y bajar a tierra esa idea: analizar los productos, la capacidad productiva, los costos marginales y los factores necesarios para ejecutar la operación.
Ese proceso de bajar a tierra la idea de exportar tiene un componente logístico central que frecuentemente es subestimado en la etapa inicial: el costo y la complejidad del tramo entre la planta del productor y el puerto de embarque. Una empresa en Junín que quiere exportar un producto alimentario hacia Europa necesita resolver cómo llega su mercadería al puerto de Buenos Aires o de Zárate, cómo se gestiona el certificado fitosanitario del SENASA, cómo se presenta el despacho de exportación ante la Aduana, cómo se accede al sistema REX de autocertificación de origen del acuerdo Mercosur-UE para aprovechar las preferencias arancelarias en el mercado europeo, y cómo se reserva el espacio en un buque que parte en la fecha que el comprador europeo necesita. Cada uno de esos pasos tiene su propio circuito de gestión y su propio plazo de tramitación. Ninguno se improvisa.
La modalidad LCL como puerta de entrada para el exportador del interior
Uno de los obstáculos prácticos más frecuentes para las pymes del interior que quieren exportar por primera vez es el volumen mínimo requerido para llenar un contenedor completo. Un productor de alfalfa compactada en San Luis, un fabricante de aceite de oliva en Mendoza o un productor de miel en La Pampa difícilmente tiene en sus primeros embarques el volumen para llenar un contenedor de 20 pies —aproximadamente 25 toneladas de carga general. La modalidad LCL resuelve ese problema: la carga de varios exportadores se consolida en un mismo contenedor, el costo del flete se distribuye según el volumen de cada uno y la documentación se gestiona de forma individual para cada embarque dentro del equipo.
Seabird Argentina opera la modalidad LCL en los principales corredores del comercio exterior argentino, lo que le permite ofrecer a exportadores del interior acceso a las mismas rutas y frecuencias que los grandes operadores sin el costo de un contenedor exclusivo. En el corredor con Europa —que el acuerdo Mercosur-UE activó con preferencias arancelarias concretas desde mayo de 2026— esa modalidad es especialmente relevante para los productores de miel, aceites y alimentos procesados del interior que quieren hacer sus primeros embarques hacia el mercado europeo sin comprometer volúmenes que todavía están calibrando.
El despacho aduanero como primer cuello de botella
Más allá del flete, el primer cuello de botella real que enfrentan los exportadores del interior cuando se asoman al comercio exterior es el despacho aduanero. La presentación del permiso de embarque, los certificados fitosanitarios del SENASA, los certificados de origen bajo los regímenes preferenciales, la liquidación de divisas dentro de los plazos del Banco Central: cada uno de esos pasos tiene un procedimiento, un plazo y una consecuencia si no se cumple en tiempo y forma. Un exportador que enfrenta eso por primera vez sin el apoyo de un operador con experiencia tiene alta probabilidad de cometer errores que demoran el embarque o que generan costos adicionales.
Seabird Argentina integra el despacho aduanero dentro de su operación propia, sin tercerizar a despachantes externos. Eso le permite ofrecer a los exportadores del interior una solución completa que cubre desde la asesoría sobre el encuadre regulatorio de cada operación hasta la gestión del despacho en la Aduana, pasando por la coordinación del transporte desde el interior hasta el puerto de embarque. En un año en que miles de empresas del interior argentino se asoman al comercio exterior por primera vez, motivadas por la apertura comercial y el acuerdo Mercosur-UE, ese acompañamiento integral es la diferencia entre un primer embarque que funciona y uno que se convierte en un problema que desalienta los siguientes.
